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VERACRUZ  

Historias de Fidel Herrera Beltrán

Herrera Beltrán, el camisa roja

Álvaro Cepeda Neri

 

 


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Existieron, en nuestro país –por autenticidad en las convicciones y por su radicalismo–, las “camisas rojas” de Garrido Canabal, que fueron grupos de choque que allanaban domicilios, destruían imágenes religiosas, humillaban a los vendedores y apaleaban a los políticos antigarridistas. A lo mejor fueron precursores de las “camisas pardas” de los nazis y los “camisas negras” del fascismo. En Tabasco y la capital del país sembraron  el terror.


De pronto Roberto Madrazo –la mediocridad política del antiguo priismo, nacido en el Distrito Federal, pero presumiendo de tabasqueño, en lugar de honrar a su padre Carlos Alberto Madrazo Becerra– rescató esa moda y sus huestes usaron calzoncillos, camisetas, camisas y chamarras rojas, para identificarse como mafia política. El mensaje era de intolerancia. Afortunadamente Madrazo y su pandilla, si bien hundieron al PRI con el beneplácito de Zedillo, han sido desplazados, expulsados de facto.


Ahora las “camisas rojas” –incluyendo calzoncillos, pantaletas, camisetas, vestidos, camisas y chamarras– son alborotadores. Herrera, el (des)gobernador de Veracruz, y su igual Eduardo Bours, de Sonora, así visten a los empleados, a sus comparsas, a sus amigos, a las cúpulas de las secciones priistas bajo su control. Ordenan a sus empleados de los tres poderes ponerse, a las mujeres, blusa roja y a los hombres, camisola roja de manga corta.


Rojos como brasas, los incondicionales o quienes se ven obligados a vestirse de ese color, tanto en Veracruz como en Sonora, se ponen en evidencia. Pese a que el rojo identificaba a militantes revolucionarios, izquierdistas y hasta comunistas, los seguidores de Fidel Herrera y Eduardo Bours representan todo lo contrario: derechistas, facciosos y duchos en maniobras electorales para obtener triunfos ilegales en ambas entidades.


Herrera Beltrán, (des)gobernador de Veracruz –lugar  donde se han enquistado narcotraficantes y contrabandistas para reconstruir el corredor del cártel del Golfo– ha dejado que la delincuencia organizada se domicilie a sus anchas, mientras dicta medidas draconianas.


Por la geopolítica veracruzana las “camisas rojas” herreristas se preparan para continuar el apoyo y propaganda para el priismo jarocho, desde cuya plataforma está en marcha la doctrina “Fidelidad con Fidel”. El señor Herrera Beltrán insiste en maniobrar, con cinco años de anticipación, para colarse en las filas nacionales del PRI en busca de  adeptos para su precandidatura presidencial.


Fidel hizo compromiso con Bours para compartir ese sueño guajiro de relevar a Calderón. El sello de la alianza es mantener a sus empleados y admiradores vestidos de rojo. Más astuto, Herrera Beltrán quiere sacarle la delantera a Bours. Con más mañas va adelante en la campaña con sus “camisas rojas”. Supone Fidel y sus fieles que está franca la ruta a la candidatura presidencial del PRI, porque tiene metido en la cabeza que si Madrazo pudo, entonces a él, no le será difícil hacerse de la postulación.


Las “camisas pardas”, las “camisas negras” y, sobre todo, las “camisas rojas” de Berlín, Roma y Villahermosa inspiran a Herrera Beltrán y evidencian que el jarocho está dispuesto a todo para mantenerse asido a su pretensión de largo plazo, ignorando que “no por tanto madrugar, amanece más temprano”.

¿El góber Fidel Herrera será candidato presidencial independiente?
El brujo pitoniso de Catemaco, Veracruz, Pedro Gueixpal, nos anuncia y amenaza con la maldición del Averno: que el sucesor de Calderón será Fidel Herrera. En la columna de Eva Makivar apareció la moderna y jarocha noticia: “El brujo mayor de Catemaco, Pedro Gueixpal, dijo que la visión del futuro es ‘alentadora’ para Herrera, y que ya le prepararon amuletos para apoyar su carrera política”. (El Financiero, 4 de marzo de 2008).
Jorge Zepeda Patterson, en su ensayo  El presidente electo. Instructivo para sobrevivir a Calderón y su gobierno, adelantaba que Fidel Herrera está  impulsando su propia agenda, adelantando vísperas sucesorias. Así que lo del brujo veracruzano, haciéndole el caldo gordo a su paisano, es parte de la campaña roja.


Además sus asesores se mueven en los medios de comunicación para abrirle espacios que, como cajas de resonancias, hagan eco a los actos de Herrera Beltrán y lo mantengan en el escenario de la publicidad, compitiendo con Peña Nieto (Estado de México); Robinson Bours (Sonora), y González Parás (Nuevo León) por la candidatura del PRI dentro de cuatro años.


El primero de febrero, en el periódico Reforma, su corresponsal Lev García informó que los legisladores de la oposición “calificaron de excesiva la publicidad que hace el gobernador Fidel Herrera, al insistir que su foto permanezca en anuncios oficiales de obra pública y de llenar de color rojo el estado. El uso del color rojo no sólo es evidente en edificios públicos, hospitales, escuelas y licencias para conducir, hasta las credenciales de los diputados tienen una franja roja”.


Fidel Herrera sabe que no logrará la candidatura priista, pero presiona para figurar y, de ganar el PRI la Presidencia de la República, cuando menos obtener una posición en las secretarías. Incluso Fidel le apuesta a renunciar un año antes del final de su sexenio para ocupar la presidencia del Revolucionario Institucional, para maniobrar y manipular lo que se avecina.


Herrera Beltrán está de nueva cuenta en la mira de la información, pues ha vuelto a circular –por internet y en copias– su cuantiosa fortuna, acrecentada con el premio de la Lotería Nacional que recientemente ganó por más de 12 millones de pesos. Aún se recuerda la columna aquella de Miguel Ángel Granados Chapa (Reforma, 17 de agosto de 2005), donde daba detalles de la fortuna del góber que, dicen, está dispuesto a invertirla para comprar su candidatura.

El engaño de Fidel Herrera Beltrán a Calderón
“Tomar el pelo a una persona –dice mi asesora María Moliner– es burlarse de una persona, aparentando elogiarla o lisonjearla”. Es lo que hizo el (des)gobernador de Veracruz, cuando insistió en invitar a Calderón para entregar, simbólicamente, 5 mil casas y 1 mil escuelas, a quienes el ciclón Dean dejó sin vivienda.

La corrupción de la administración depredadora de Herrera Beltrán no tiene límite. Se ha permitido Fidel engañar a Calderón, de una manera que muestra la desfachatez tramposa del jarocho. Herrera Beltrán le pidió a César Nava que intercediera ante Calderón para que éste se pusiera en el teléfono. Y éste, sabedor de que el veracruzano lo apoya en la contrarreforma petrolera para privatizar Pemex, de inmediato se puso al habla.
Calderón se puso contento. Iría primero, muy temprano a San Luis Potosí –a la Huasteca, en el municipio de Huehuetlán– y de ahí volaría, en su helicóptero, a las comunidades veracruzanas de Huayacocotla, Tecolutla e incluso Tlapacoyan. Le había enviado Herrera Beltrán fotografías de las casas y las escuelas. A Calderón le pareció que su aliado Herrera Beltrán le demostraba que estaba con él. 

Ya en Veracruz, a Calderón le pareció poco ver de lejos las obras y sin decir “agua va” miró por dentro las viviendas. Las casas eran dos cuartos. Entró Calderón. ¿Y los sanitarios?, ¿y el drenaje? Calderón miró con cara de reprimida indignación y asombro al priista. No daba crédito. ¿Era una broma? Faltaban 5 mil excusados y 1 más en las escuelas.
Calderón se dio cuenta, tardíamente, que había sido engañado. En sus propias narices el (des)gobernador tartamudeaba, no porque ignorara el hecho, sino porque Felipe Calderón se veía molesto. El columnista Ricardo Alemán al respecto escribió: “En la casa presidencial existe verdadero enojo por el ridículo que le hizo pasar en Veracruz el gobernador Fidel Herrera. El Presidente se fue verdaderamente irritado y dijo que eso no volverá a ocurrir. Menudearon los regaños y que no habrá más obras sin revisar sin cumplir los mínimos” (El Universal, 23 de mayo de 2008).

En la Huasteca potosina, Calderón dijo frente a pobladores víctimas de engaños: “Es cierto. Han oído cientos de promesas de alcaldes, gobernadores y presidentes de la República”. Al llegar a Veracruz, Fidel Herrera dejó que Calderón quedara como un presidente que también engatusa. Para quienes recibieron las obras Calderón es como Herrera Beltrán, tramposo. El (des)gobernador veracruzano se pasó de vivo.

Son ya muchos los abusos de Fidel. La corrupción es su santo y seña. Y lo ocurrido con los 6 mil sanitarios y los 6 mil drenajes prueba que el gobierno de Herrera Beltrán es un desastre político, económico y social.


Herrera: el (des)gobernador de Veracruz

Como en los peores años del caciquismo regional, el maltrecho federalismo está en las garras de los (des)gobernadores y sus mafias municipales. Ninguno de ellos, ni por accidente, practica alguna dosis de buen gobierno republicano y democrático. Si han pasado por las urnas, la mayoría lo hizo con amañados ardides electoreras, pero, a partir de la fallida alternancia foxista, los (des)gobernadores se entronizaron en sus islas sancho panzistas.

Los hay de una barbarie, por su prepotencia y sus abusos, como Bours, en Sonora; Zeferino, en Guerrero; Osorio Chong, en Hidalgo; el jalisquillo González Márquez; González Parás, de Nuevo León, y para rematar, Fidel Herrera, impuesto por Miguel Alemán. Siempre fue Herrera un grillo maniobrero para escalar burocráticamente posiciones. Labioso, más que habilidoso; servil, más que servicial; ineficaz e ineficiente.

A Fidel lo hicieron diputado Echeverría, López Portillo, Salinas y Zedillo, para rematar como senador y, con sus perversidades, en la coyuntura foxista, apoderarse de la gubernatura veracruzana, desde donde dice estarse preparando para disputar la candidatura priista a la presidencia.

El reportaje, muy bien documentado de Regina Martínez, exhibe la amistad de Fidel y José Kamel Nacif Borge –el agresor de Lydia Cacho, implicado en delitos de pederastia– y las componendas empresariales al amparo de Fidel (Proceso, 23 de diciembre de 2007).
Herrera está preparando a sus huestes, del más rancio priismo, para apoderarse de ese reducto del PRI antiguo y quedarse con la candidatura presidencial de 2012. El (des)gobernador veracruzano nacido en Nopaltepec, con sus “camisas rojas” insiste en superar su actual situación de incompetencia.

No es un sueño ni ensueño, es un delirium tremens: temblores y visiones que le hacen creer que tiene alguna posibilidad. Herrera hundiría al PRI, que está renaciendo de sus cenizas. No es el (des)gobernador de Veracruz un ave fénix, sino ave de mal agüero, un chanate, que llegado al cargo que ostenta, supone que es el penúltimo peldaño a la cima, sin darse cuenta que es el umbral al precipicio.


Un Óscar para el cineasta Fidel Herrera
A las seis de la tarde del viernes 29 de febrero de 2008, veo a Fidel Herrera en la pantalla de Canal 40, de “manita sudada” con dos policías veracruzanos, celebrando que con un “usted perdone” quedó en la impunidad la golpiza al reportero Gabriel Hugue del periódico Notiver. La libertad de expresión escrita y los derechos humanos a los periodistas no existen con  Herrera Beltrán.

No contento con despreciar y combatir a la prensa, Fidel declaró que “los periodistas no deben andar satanizando a los policías ni echarle más fuego a la hoguera” (La Jornada, 26 de febrero de 2008). Después de estas neofascistas palabras, el mismo jefe de la policía presentó disculpas públicas por los excesos y la brutalidad de los policías que casi matan al reportero de Notiver. Mientras el autoritarismo beltranista sigue reinando en Veracruz, cundió la información de que el mismo (des)gobernador patrocinó el largometraje Chiles jalapeños, donde la diputada local Dalia Pérez  –impuesta como legisladora por Fidel– es principal figura.

Que la diputada cobre también como stripper (Reforma, La Jornada, Impacto, El Diario y El Universal, 28 y 29 de febrero de 2008), como dijo el (des)gobernador, está dentro de las libertades de profesión.

Fidel Herrera extendió sus afirmaciones hasta el cinismo: “En Veracruz, la libertad de expresión merece todo nuestro apoyo”. Que lo diga, es la más desfachatada mentira. El góber enredó la frivolidad del asunto, comparándolo con el ejercicio de la libertad de expresión, mientras en la entidad, los auténticos trabajadores del periodismo son víctimas de represión cuando informan y critican el desempeño de Herrera Beltrán.


Del Quince uñas al rojillo de Fidel Herrera
Fidel Herrera aparece en la pantalla televisiva. El reportero se acerca y le hace una pregunta sobre la creciente inseguridad veracruzana. Endurece el rostro. Se le ennegrece más por la reacción biliosa y hace una mueca de reprimida violencia. Encara a una reportera, contra la que arremete con su furioso timbre de voz. Los veracruzanos lo miran y se ríen de quien ha hecho de su nombre la fidelidad al abuso del poder, para imponer el despotismo.

El Quince uñas (Leopoldo Zamaro Plowes, Quince uñas y Casanova, aventureros) era fanático del color rojo, como Fidel y se ganó este mote porque le faltaba un dedo de la mano izquierda y una pierna. Como Santa Anna usaba el dinero público para sus apuestas y su huida a Manga de Clavo, su hacienda, Herrera Beltrán financia con donativos del erario a los Tiburones Rojos del Veracruz.

Harta de la denegación de justicia, Martha Cuevas, cuyo hijo fue secuestrado hace casi un año, contrató uno de esos anuncios espectaculares, para ver si así Herrera, con su Ministerio Público y sus policías, le hace caso y cumple con su obligación de dar cuenta y razón del homicidio de Mario Cuevas Lara. El anuncio reza: “Señor Gobernador: para este 10 de mayo le pido de regalo justicia por el secuestro y homicidio de mi hijo”. La investigación no prospera, porque los involucrados en el delito son protegidos por funcionarios estatales.

El Quince uñas fue el primer rojillo.  Ejemplo para Fidel Herrera, lo imita y quiere ser otro presidente del montón. Fidel tiene sus 20 uñas afortunadamente. Su maestro Santa Anna fue once veces presidente, de pisa y corre, hasta que Juárez le fincó juicio político y lo desterraron. Herrera Beltrán –que tiene a los veracruzanos en el terror por la inseguridad y los abusos–, tendrá el destino de Santa Anna, Madrazo y Montiel.

 

Publicado: Agosto 2008 / Año 3, No. 18



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